El caballo, junto al toro y el vino, forman la trilogía más representativa de lo que esta tierra es y puede ofrecer al mundo como algo genuino que tiene su raíz en el campo y la agricultura.
Jerez tiene un alto prestigio de tradición equina desde que en el siglo XVII los monjes de la Cartuja se dedicaron a la selección y crianza de una raza única en el mundo : el caballo andaluz o "cartujano". Crearonr una de las castas de caballos más hermosa, que aún perdura: el caballo Jerezano. Reyes, príncipes, y grandes señores iban a Jerez, España, a buscar caballos cartujanos.
Escuela Andaluza del Arte Ecuestre (Jerez - España)
Un auténtico despliegue de estos bellos ejemplares equinos y de enganches enjaezados a la usanza andaluza pueden contemplarse en fiestas significativas como son la Feria del Caballo y las Fiestas de Otoño, que tienen lugar en los meses de Mayo y Octubre respectivamente.
En Jerez se encuentra la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre, que ofrece un espectáculo puro, hermoso y único en el mundo llamado "Sinfonía a Caballo"; este espectáculo es un auténtico ballet ecuestre montado sobre coreografía en la que se conjugan la Doma Clásica y la Doma Vaquera en perfecto equilibrio. Música, jinetes y caballos andaluces nos recrean con la creación artística más armoniosa y colorista que haya podido imaginarse nunca.
En la Plaza del Caballo, tal y como su nombre indica, se erigió un monumento en reconocimiento a lo que este noble animal ha supuesto y supone para la ciudad.

Los caballos han sido desde la antigüedad seña de identidad de la ciudad, hasta el punto de poder considerar a Jerez como cuna del caballo jerezano, cartujano oespañol. Por su ubicación y comunicaciones, por sus instalaciones e infraestructura, por su historia y su capacidad de innovación, tiene el honor de presentar en nombre de España la candidatura a la organización de los Juegos Mundiales del año 2002.
La recopilación de eventos como el Campeonato del Mundo de Fórmula Uno, el Campeonato Mundial de Motociclismo, así como múltiples actividades, desde pruebas hípicas nacionales e internacionales dentro de la Feria del Caballo, permiten confirmar la capacidad organizadora de la ciudad.
Jerez hizo realidad lo que fue decisivo para el deporte hípico español : Organizar los Juegos Ecuestres Mundiales 2002 y ser la sede de los mismos.
Desde su fundación a finales del siglo XV, el monasterio de la Cartuja se convirte en piedra angular de la crianza del caballo jerezano. Durante tres siglos, que coinciden con los de máximo esplendor del reino de España, los monjes cartujos constituyen una yeguada que con el tiempo se convertirá en una de las más célebres y apreciadas del mundo. Su esmerada labor ganadera, asentada en torno al espléndido edificio renacentista y en el marco excepcional de clima y fertilidad, donde también se crían los universales vinos de Jerez, se ve interrumpida a inicios del Siglo XIX, a causa de la guerra de la Independencia y coincidió con los años de esplendor de España y, en consecuencia, de sus caballos.
Los cartujos son una orden de clausura que, rigiéndose por unas constituciones aprobadas por el papa Inocencio II, llevan una vida rigurosamente ascética, basada en el recogimiento. Los orígenes de la Cartuja de Jerez se remontan al siglo XV, cuando el hacendado Don Álvaro Obertos de Valeto, le propone al prior de la Cartuja de Sevilla la fundación de un monasterio de esta orden en Jerez. Don Álvaro traspasó los derechos de los terrenos que poseía en el municipio de Jerez a los cartujos que solicitaron la licencia necesaria al arzobispo de Sevilla para fundar el monasterio, licencia otorgada en 1475. Tres años más tarde se iniciaban las obras del edificio que ahora conocemos. En poco tiempo, la cartuja logra reunir un importante patrimonio en donaciones, venta y cambios que se sumaban a los ya ingentes bienes heredados de Don Álvaro. Entre los terrenos adquiridos por compra, encontramos la Dehesa de la Fuente del Suero, propiedad hasta entonces del genovés Celín de Bilbao que la cede a cambio de 140.000 maravedíes. En esta finca pastan en la actualidad, cinco siglos después, los bellos ejemplares de la Yeguada de la Cartuja - Hierro del Bocado.
El verdadero origen de la yeguada no se conoce, aunque el anecdotario popular explica que cuando el censario de la cartuja, don Pedro Picado, no pudo pagar su censo a los monjes decidió cederles sus yeguas y potros. Estos ejemplares habían sido comprados por don Pedro a los hermanos Andrés y Diego Zamora, de profesión herradores, que formaron esta pequeña yeguada a partir de un semental comprado a un soldado y de uno de sus hijos, potro de extraordinaria belleza y armonía, llamado "Esclavo". A los descendientes de esta yeguada, que gozaron de gran prestigio, se les llamó "zamoranos". Sin embargo, pruebas aparecidas y analizadas recientemente y estudios históricos parecen demostrar que los monjes ya contaban con una ganadería a finales del siglo XV.
El siglo XVI representa el tiempo de máximo esplendor de la Cartuja, coincidiendo con los años de gloria de la España imperial y el reinado de los Habsburgo. El dominio de la corona española por todo el mundo en aquella época significó la primera gran expansión del caballo de raza española: el caballo se difundió por toda América a cargo de diferentes conquistadores. Durante el imperio de Carlos V, el caballo español alcanza las cotas más altas de popularidad y merecida fama, estando presente en las pinturas y yeguadas de emperadores, reyes y nobles de todo el mundo.
Su extensión mundial determina que exista sangre cartujana en muchas razas del mundo: Lippizza, Kladrub, Orloff, Holstein... Además, es el caballo español el que da nombre al Picadero Español y a la famosísima Escuela de Equitación Española de Viena, fundada por la Corte de Viena el año 1565, así como al picadero actual, construido por Carlos VI en 1729. Sin embargo, esta apertura al extranjero significa también la introducción de caballos extranjeros en nuestro país que se empiezan a cruzar con la raza autóctona. Conscientes los monjes de la difícil situación que atravesaba la ganadería equina y sabedores de las bondades de las yeguas y caballos jerezanos y siguiendo la tradición ganadera de la Cartuja de Sevilla, a finales del siglo XV los monjes de Jerez deciden crear una yeguada de la que se harán cargo hasta bien entrado el siglo XIX.